Un concierto punk no es un concierto punk

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[11.02.2021]

Sobre lo que escribiré ayuso (aunque ya van avisados de suso), me iluminó hace unos años el genial Julián “Siniestro Total” Hernández, de manera que muy equivocado no puedo andar. Él, además de leyenda, es autoridad. También me iluminó, en parte, el cura suicida de la película Belle Epoque (¿Agustín González?), un padre más existencialista que Kierkegaard, lector compulsivo de Unamuno y frecuentador del tugurio local, porque allí, donde se peca, es donde tiene que estar la Iglesia – decía. No le faltaba ni un milímetro de razón. Un acto litúrgico, dirigido por un sacerdote y celebrado en una iglesia atestada de fieles no es más que una sarta de redundancias. Lo mismo que una pandilla de punks, uniformados de punks, en un concierto punk. Esto lo tuvo clarísimo Julián el día que fue invitado a impartir una conferencia en el Paraninfo de la Universidad de la Muy Noble, Muy Leal, Benemérita, Invicta, Heroica y Buena Ciudad de Oviedo. A mí me tocó presentarlo y, aunque lo hice fatal, es una de las cosas más divertidas y memorables que he hecho en mi vida. Cuando ambos nos vimos flotando en aquel espacio tan formidablemente alfombrado, a Julián se le abrieron los ojos que casi se le caen y exclamó: “¡Hostia, esto es lo más punk en lo que he estado en mi vida!”. También me preguntó si lo ayudaría a llevarse después de la conferencia algunos metros cuadrados de toda aquella alfombra flotante a su casa, pero esa es ya otra historia.


Lo que es o deja de ser punk es algo que debería dejar indiferente, más que a nadie, a un punk. Lo que es o deja de ser punk le interesa poco más que al titular del sillón “p” de la Real Academia Española, que define punk como movimiento juvenil protestante, caracterizado por la no convencionalidad de los atuendos y comportamientos de sus seguidores. Vamos, una cosa como medio religiosa. No digo que no del todo. Pero habrá de concedérseme que lo convencional y lo inconvencional no lo marcan ni los atuendos ni los comportamientos. Lo marca el contexto. Una persona vestida de sacerdote impartiendo eucaristía es de lo más convencional en una misa dominguera de 12, al mismo tiempo que lo más transgresor que podría suceder si lo hace un profesor en plena clase universitaria el lunes a las 9 de la mañana. Aunque sucedió en mi propia boda, que un sacerdote dedique una homilía a explicar la teoría de los actos de habla de John Langshaw Austin no es convencional. Yo lo hago, en cambio, todos los años en clase y nadie ha puesto nunca el grito en el cielo. Pero que yo pasase el cestillo en alguna de mis clases, eso sí que sería un escándalo. El susodicho sacerdote (o sus vicarios) seguro que lo hizo (o hicieron) en aquella ocasión y nadie se dio ni cuenta. Cada uno en su contexto, el sacerdote y yo somos personas de orden. Del mismo modo que un punk en un concierto punk es una persona de orden. Es la descontextualización lo que lo pone todo patas arriba, a sacerdotes, a punks y a profesores.


A Julián Hernández lo invitó en 2016 la Cátedra Leonard Cohen, asociada a la Universidad de Oviedo, para hablar de la historia de una de sus canciones más populares: “¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?”. Una canción que es y no es punk, como bien demostró Julián en su alocución. Contextualizada en la colección de canciones punk en que se editó en 1984, el álbum Menos mal que nos queda Portugal, es de lo menos punk que uno pueda imaginar. En cambio, contextualizada en un libro escolar de religión por unos redactores despistados, como Julián documentó en vivo y en directo, es mucho más punk que “Las tetas de mi novia”, “Los chochos voladores”, “Opera tu fimosis (Do the mutilation)” y tantas otras deliciosas gamberradas juntas que Siniestro Total fue perpetrando a lo largo de su carrera. Sin escandalizar, por cierto, a ninguno de los que nos asomábamos a aquellos discos maravillosos y evidentemente punks (nada punks, por tanto) a principios de los ochenta. “Me pica un huevo” resultó ser punk en la televisión española de 1983, pero era cualquier cosa menos punk en la cara B del single que compartió con “Sexo chungo” ese mismo año. Julián Hernández cantando “¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?”, usando un libro de religión como partitura y en el paraninfo de una universidad, eso sí que es, o son, una o dos vueltas de tuerca punks. El paraninfo, por cierto, era antiguamente la persona que anunciaba en las universidades el inicio del curso, estimulando el estudio con una oración retórica – muchas gracias, de nuevo, señor académico titular de la “p”. No entiendo a qué espera la Universidad de Oviedo para adoptar a Julián Hernández como paraninfo perpetuo. Yo iría a todos los actos inaugurales de curso bien entogado y bien embirretinado (creo que se dice revestido) a cantar “¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?”.


La última vez que asistí a unos de esos eventos paraninfómanos o aulamagnánimos con que se recrea periódicamente la Uni, en mi condición de director de una doctora laureada (que, ahora que lo pienso, también fue la primera vez, yo siempre envié vicarios a recoger mis propios laureles), se me acercó un Vicerrector al acabar el acto (el de Expansión Universal, para más señas). Me felicitó y me dijo: “¿Y qué podemos hacer contigo, Guillermo, para que vengas a estos actos, ya no digo que con traje académico, pero al menos con corbata?”. Le respondí que los organizasen en el subsuelo de Lata de Zinc, que cantase La URSS, en lugar del Coro Universitario, y que ya vería que no tengo problema ni en entogarme ni en ponerme una barretina, si falta hiciere.


A Julián, que, en la noche memorable que ha inspirado esta nota nostálgica cinco años después, el cuerpo le pedía marcha después de cenar, tuve que decirle, en cambio: “Es noche cerrada, Julián. Nada menos transgresor que intentar serlo”. Nos fuimos a la cama. Cada uno a la suya.

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