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Bob Dylan es el Scott-Heron judío

Es casi seguro que Bob Dylan no haya ganado el Nobel Prize for Literature™ 2016 (el mismo Nobel Prize™ que ganaron Jacinto Benavente y Martínez en 1922 o Sir Winston Churchill en 1953) por Tarántula, la única obra literaria en prosa que suele atribuírsele. Sus canciones, sí, seguramente contienen, o directamente son, poesía de un nivel tanto o más alto que la de muchos de los poetas que han recibido el galardón. Tengo mucho en contra del estilo de premio que representa el Nobel™, pero nada contra que se lo hayan dado a Bob Dylan. Al contrario, me hace mucha gracia que lo aceptara sin decir casi ni pío, que no fuera a recogerlo porque tenía otras obligaciones que atender y que, en su lugar, le regalase a Patti Smith unos minutos de gloria en Estocolmo.

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El sonido de la música al desaparcer

Hace unos cuantos años, siendo ya incondicional del artista (lo soy desde Cryptograms), leí una entrevista a Bradford Cox (aka Deerhunter, aka Atlas Sound) en la que explicaba que el sonido que perseguía era algo así como el que la música adquiere cuando se transforma en recuerdo. Creo que promocionaba entonces Halcyon Digest, una de sus obras maestras en dura competencia con el anterior Microcastle (no me pidáis que elija, soy de los que quiere por igual a papá y a mamá).

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I’m new here, we’re new  here, we're new again…

Se sabe que una versión musical es buena cuando se siente como una declaración de amor genuina. Las otras, tal vez la mayoría, seguramente no sean más que un gesto infantil de regocijo en la repetición, como defendía Theodor W. Adorno, o una manifestación más de las ventajas del robo frente al trabajo honesto (la frase se la robo a Bertrand Russell para evitar tener que esforzarme honestamente en encontrar otra que exprese mejor lo que quiero decir). Son raros los músicos que no la hayan practicado alguna que otra vez. Hasta los hay que han versionado las versiones de sus propias canciones.

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Noam Chomsky, comedian and spoken word artist

La enciclopedia musical online allmusic.com clasifica a Noam Chomsky (Filadelfia, PA, 1928) bajo las categorías “comedy” y “spoken word” y le atribuye quince álbumes desde 1996 hasta hoy, además de un pack recopilatorio de siete CD titulado The Noam Chomsky Box (Alternative Records, 2011). La plataforma discogs.com confirma estos datos. Nos recuerda, además, que en el haber del mismo artista se encuentra un single (New World Order: #1), este en vinilo de 7”, en colaboración con la legendaria banda punk californiana Bad Religion, cuyo estilo califica con las etiquetas “political”, “hardcore”, “punk” y “spoken word”.

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The pleasures and pains of being pure at heart

Es difícil que las cosas tengan un efecto tan fuerte sobre nuestro espíritu como cuando suceden en la adolescencia o en esa prolongación artificiosa de la adolescencia que son los años universitarios. No me voy a extender sobre la magnificación que cobran en esos años las amistades, los primeros amores, las horas despreocupadas del dulce hacer nada veraniego… O su reverso, claro, las traiciones de los amigos, las primeras rupturas sentimentales, la odiosa sensación de que se acaba el verano y vuelve la rutina, etc. Como siempre, salto directamente a la dimensión musical del asunto, porque creo que la identificación con grupos, discos o canciones que experimentamos entonces no vuelven a tener equivalente en fases más avanzadas de la vida.

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Profecía republicana (desde el reino de Jah)

La final de la Copa Davis de tenis de 2003 fue disputada en Melbourne entre las selecciones de España y Australia. Por encima de la victoria australiana, cumplida revancha de la española de 2000 en Barcelona, es recordada por un gafe: en el acto de apertura, en lugar de la Marcha de Granaderos, himno oficial del Reino de España, sonó el Himno de Riego, seña de las tropas liberales insurrectas contra Fernando VII en 1820 e himno oficioso de la Segunda República Española (1931-1939).

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Freggae et caetera

Supongo que la idea de un blanco europeo, francés para más señas, cantando reggae debería hacernos pensar en uno de esos empeñados japoneses que dedican toda sus energía en convertirse en cantaores flamencos. Ninguno ha destacado lo suficiente hasta la fecha como para quitarle bizarría a la imagen. En todo caso, démosle tiempo al tiempo. Al fin y al cabo, el Bach Collegium Japan es hoy uno de los grupos orquestales y corales más reputados en la interpretación de la obra del inmortal músico alemán, por ejemplo. Serge Gainsbourg fue el primero, como en tantas otras cosas, en grabar un disco de reggae completamente en francés. Y es bueno. No, muy bueno.

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Words from the paisley underground

Hágase la luz, y la luz se hizo. Yo os declaro marido y mujer, y ya podéis besaros. Michael Quercio pronuncia dos palabras mágicas en una entrevista para una oscura publicación, y nace un estilo musical. El filósofo John Langshaw Austin tuvo la perspicacia de ver, allá por los años cincuenta del pasado siglo, que usamos las palabras no solo para describir el mundo, sino también para ponerlo en marcha. No estaríamos escribiendo o leyendo sobre el paisley underground sin aquel acto originario de habla de Michael Quercio, cabeza visible de The Salvation Army, rebautizados ya, en un acto más de magia verbal, como The Three O’Clock.

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upon all the living and the dead

Nacho, el “suicida permanente” de Amanece que no es poco, consigue finalmente quitarse de encima su personaje y pasárselo a Cascales, que no es que quiera suicidarse, simplemente quiere un papel, cualquier papel, en la película. Imagino que nadie se suicida por gusto o por vocación. Un suicidio es una eutanasia casera, seguramente chapucera y dolorosa en la mayoría de los casos, una solución extrema que solo puede explicarse por un prolongado e insoportable sufrimiento o un estado de desesperación extremo. Existe, sin embargo, una especie de mística del suicidio, asociada a esa estúpida frase de “muere joven y deja un cadáver bonito”.

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Breve historia de otros siete asesinatos

La breve historia de la música jamaicana es mucho más que la de los siete asesinatos que narra la majestuosa novela de Marlon James. Estadísticas recientes atribuyen a Jamaica la quinta tasa más alta de homicidios por número de habitantes de todo el planeta, solo superada por las de Islas Vírgenes, Venezuela, Honduras y El Salvador (en orden sucesivamente creciente). El dato es aún más dramático si valoramos que esa posición empeora la de hace un lustro. Las causas, en cualquiera de los países referidos, no son difíciles de adivinar: en último término, una pobreza endémica que empuja a la población a servir de carne de cañón de facciones criminales o políticas, en ausencia de alternativas dignas para la supervivencia.

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Buffalo soldier

El vínculo entre la música reggae y el movimiento teológico e ideológico rastafari es de sobra conocido. Tal vez no lo sea tanto, en cambio, que se trata de una vinculación relativamente tardía, limitada al desarrollo de la música jamaicana conocido como roots reggae. Cierto es que el roots reggae ha acabado por convertirse en epítome de toda la música reggae, que es como decir de toda la música jamaicana. No obstante, ni el ska ni el rocksteady tuvieron una dimensión espiritual y política equiparable a la del roots reggae.

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maniobras espectrales en la oscuridad

Fui adolescente y me asomé a la mayoría de edad en los años ochenta, y por alguna razón le tenía miedo a este libro. Lo comencé convencido de que su lectura me tendría en un vilo constantemente defensivo, de que iría dirigido a adolescentes ochenteros como yo a los que se nos reprocharían cosas que no iban a gustarme. Y, hasta cierto punto, es así. El libro habla de todos aquellos que transitamos los ochenta entre, por poner mi caso, los catorce y los veinticuatro años. Y es un reproche mayúsculo. Pero en una dirección bastante diferente a la que sospechaba.

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Midnight to six man

El 5 de junio de 1977, Joe Strummer (no necesita presentación) acudió a una sesión de música jamaicana acompañado de Don Letts. Don Letts es toda una figura de la encrucijada entre el punk y la música jamaicana en el Londres de finales de los setenta, aunque su posterior fama se debe sobre todo a su trabajo como documentalista cinematográfico. En 1978, para empezar, filmó en super-8 el hoy objeto de culto The Punk Rock Movie. Como músico, formó parte del proyecto post-Clash de Mick Jones Big Audio Dynamite, lideró Screaming Target, un fallido grupo de pop-reggae, y ha firmado unos cuantos discos de dub-reggae. Algunos tal vez conozcan a Don Letts sin saberlo, porque es él quien aparece, en actitud suponemos que desafiante (lo vemos de espaldas), ante la policía de Londres en la icónica instantánea captada durante los disturbios del carnaval de Notting Hill de 1976.

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Policías y ladrones: la ansiedad de la influencia

El genio absoluto es raro. Mucho más a menudo, la creación intelectual o artística necesita nutrirse del juego de la influencia, para mayor gloria de la legión de zahoríes que han hecho del descubrimiento de fuentes, pozos y pozuelos de influencia afición e incluso profesión. El de la influencia es un juego perverso. No en vano, el orondo Harold Bloom lo explicaba como una suerte de ansia parricida porque, en última instancia, el influido necesita afirmar su posición de pretendida superioridad relativamente al influyente, desplazarlo y dejarlo a la posteridad reducido a la más modesta condición de heraldo del verdadero genio por llegar.

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copy/paste

Citas, réplicas, paráfrasis e inversiones musicales

Lo que menos necesita uno para ser original es serlo. Tampoco proponérselo parece que sea una fórmula infalible para llegar a conseguirlo. Para Bowie o para Prince, por ejemplo, fue una motivación importante a lo largo de sus carreras y, sin duda, la clave de muchos de sus éxitos. Seguramente también, y de un modo más determinante, de sus fracasos, que también los tuvieron. La originalidad del original acaba por producir empalago. Para el muy original, dejar de serlo acaba por resultar la única alternativa para volver a serlo. Como las monedas virtuales, la originalidad es un valor inestable.

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El refugio esencial: la poesía dub

El dub surge en Jamaica como respuesta a la presión de los deejays (recordemos, no pinchadiscos, sino declamadores) por conquistar espacios en la estructura de las canciones. Este espacio se lo ofrecieron, primero, las versiones instrumentales de los temas, más tarde la organización de los propios temas y, definitivamente, la manipulación de los temas por parte de los ingenieros de sonido en la mesa de producción y mezcla, gracias a la generalización en la isla de los sistemas de grabación por canales. Estos sistemas permitieron inserciones y eliminaciones, repeticiones, reverberaciones, etc., en perfecta consonancia con el toasting (declamación) de los deejays. Solo más tarde, bastante más tarde, los dubs comienzan a ser valorados en sí mismos y se emancipan, tal como los escuchamos habitualmente ahora, despojados de acompañamiento vocal. Sin embargo, antes de que el dub instrumental ganase el aprecio que hoy tiene, ocurrió el efecto contrario.

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Bret Elvis Costellis

En todas las narraciones hay música. Escribo “narraciones”, en lugar de “novelas”, porque hace tiempo que no todas las novelas son narraciones y porque muchas narraciones no se cuentan como novelas. Si las narraciones son registro de acontecimientos posibles, incluyendo aquellos que han demostrado rotundamente su posibilidad habiendo ocurrido realmente, entonces no puede haber narración sin música. La música está en todas partes. Cuestión diferente es que la música aparezca o no en las partes de las narraciones expresamente narradas. Seguramente, la banda sonora de la mayor parte de las narraciones, la música que de uno u otro modo acompaña a todo lo que acontece en ellas, queda oculta en las partes no contadas de su relato.

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