Adhoccidad (y debajo, tal vez, la playa)

Independientemente del debate sobre la admisibilidad teórica de las soluciones ad hoc [1], una teoría que plantea que el hablante actúa de un modo consustancialmente ad hoc no es una teoría basada en soluciones ad hoc. Es una teoría sobre la “adhoccidad” [2] de las soluciones del hablante. Existen modelos teóricos que atribuyen al hablante soluciones de este tipo con relación a reductos muy concretos y más bien marginales del lenguaje externo al que está expuesto, como el modelo de “virus gramaticales” de Nicholas Sobin [3], una versión extendida del cual, de acuerdo con Robert Bley-Vroman, captaría adecuadamente una parte importante del carácter sui generis de la competencia de los hablantes adultos de lenguas extranjeras [4]. Mi impresión, en cambio, es que, de entrada, capta en buena medida la manera como el hablante adulto afronta la relación con el lenguaje externo de su comunidad de habla materna. Sin embargo, como no este el propósito ni ámbito de aplicación de la idea de Sobin, comparo brevemente, a continuación, la teoría vírica de este con el modelo de teoría fragmentaria por el que personalmente me inclino.

Sobin caracteriza sus “virus gramaticales” como procedimientos que pueden “leer estructura gramatical” y “afectarla” de algún modo. Son aptos pues, para la “monitorización” y la "edición" del análisis gramatical. Sobin señala, además, que los virus se asocian específicamente a ciertas piezas léxicas y que determinan la insensibilidad a ciertas configuraciones estructurales. Hasta aquí, mis “fragmentos gramaticales” no serían sino una variante del mismo tipo de procedimiento. Ahora bien, Sobin añade dos propiedades a sus virus que mis fragmentos no comparten: (1) son escasos y (2) son externos a la gramática interna del hablante que los asume y utiliza ocasionalmente [5]. Por el contrario, los fragmentos (1) son ubicuos y (2) forman centralmente parte de la competencia con que el hablante confronta el estímulo externo.

Para Sobin, el virus es un recurso que circula entre la comunidad de hablantes y que se utiliza, excepcionalmente, en casos en que la aplicación computacional de las instrucciones de la gramática interna se enfrenta a algún punto crítico para el que no tiene una solución viable o inequívoca. Por lo demás, actúa “sobre el trasfondo de una teoría gramatical” [6], en consonancia con el modelo ortodoxo de psicología acabada que inyecta directamente a la mente del hablante la elaboración gramatical del lenguaje externo que lleva a cabo el gramático [*]. El fragmento, por su parte, es un componente nuclear de la competencia lingüística interna al hablante, una unidad básica de la representación mental de dicha competencia, que interactúa y comparte tareas con el sistema computacional asimismo a cargo del análisis del lenguaje externo [*].

El ejemplo con que vengo trabajando preliminarmente puede servir para entender mejor el contraste. Para Sobin, a teoría de virus gramaticales no tendría aplicación en el caso de las construcciones de isla, supuestamente porque la gramática de fondo consigue resolver inequívocamente la computabilidad de las configuraciones: por ejemplo, que las “islas de si” son aceptables si las introduce el verbo saber, pero inaceptable si la introduce el verbo preguntar [*]. Según el modelo de Sobin, en este tipo de caso no se plantearía nada semejante al tipo de conflicto que parece instigar el recurso a virus gramaticales externos. Sin embargo, la situación descrita parece responder más al tipo de nivelación idealizada propia de la ortodoxia que a lo que un auténtico ejercicio de elicitación de juicios permite comprobar: para muchos hablantes las “islas de si” son aceptables en ambos contextos (frente, por ejemplo, las islas interrogativas), si bien más aceptables si el introductor es saber que si es preguntar. La configuración, pues, es conflictiva y la teoría de fragmentos da una explicación que la de virus gramaticales simplemente elude. Saber_si es un fragmento y saber un “path-breaking verb”, lo que facilita que muchos hablantes puedan establecer una dependencia a distancia de tipo interrogativo que atraviesa sin obstáculo el fragmento (¿Quéi no sabían_si había hecho María hi?). Preguntar es un “path-breaking verb” y preguntar_si un fragmento para menos hablantes, si bien es posible que algunos lo manejen eventualmente basándolo en el molde de saber_si durante al análisis online de las secuencias (es decir, vía generalización analógica o sobre-extensión). En general, el nivel de aceptabilidad desciende. Finalmente, V_cuándo no es un fragmento, aunque pueda marginalmente haber hablantes que lo manejen eventualmente basándolo en el molde V_si. En cualquier caso, cuándo se introduce generalmente como un átomo computacional (via Merge), al igual que si, marginalmente, en el contexto de preguntar, dando lugar a los consabidos efectos de bloqueo (?¿Quéi preguntaron [si había hecho María hi?; *¿Quéi no sabían [cuándoj había hecho María hi hj?). 

Complementariamente, la teoría fragmática puede hacerse cargo sin dificultad del tipo de fenómenos en que se centra la teoría vírica. Incluso capta mejor las sutilezas de los juicios de aceptabilidad que inspiran. Me detendré en uno de los examinados por Sobin, en concreto, la atribución de caso morfológico en estructuras de coordinación que incorporan pronombres. En el caso de coordinaciones en posición de sujeto, la aparición de la forma en nominativo para la primera persona en el segundo elemento de la coordinación (She and I went to a show) es gramaticalmente inesperada (cf. Me and her went to a show). La tesis de Sobin es que, en este caso, actúa un virus gramatical, al que denomina “regla … and I…” [7] que usurpa el papel de la regla computacionalmente esperable en el análisis. Shobin enfatiza que, frente a los resultados “normales” del análisis gramatical, el virus muestra especificidad léxica (implica a la conjunción y al singular de la primera persona pronominal), es (ocasional o irregularmente) generalizable a casos análogos (p. ej. … and he…) y pasa por alto la estructura jerárquica ([ [… and I] went…] ), privilegiando excepcionalmente la direccionalidad y la adyacencia (and_I_went), en la medida en que el caso lo determina el verbo inmediatamente adyacente a la derecha del pronombre, con el que, sin embargo, este no mantiene la relación de localidad estructural “normalmente” requerida para ello. Como puede comprobarse, son, una por una, propiedades atribuibles a los fragmentos.

El re-análisis de este ejemplo en clave de fragmática implica tan solo atribuir al hablante un fragmento and_I_V que identifica y proyecta sobre el lenguaje externo, asociado a una asignación prefijada de caso que subvierte la que se seguiría del procedimiento computacional, de modo semejante a como el fragmento saber_si y sus eventuales generalizaciones subvierten las condiciones de bloqueo estructural en las dependencias a distancia. Los datos que aporta Sobin sobre niveles de aceptabilidad y frecuencia de uso relativo de sus virus parecen indicar que los fenómenos que considera no difieren en este sentido del fenómeno con que yo he ilustrado la aplicación de la idea de fragmática. Aaí pues, los fragmentos tienen una rango de aplicación mucho más amplio (al que los virus son ciegos por estipulación de la ortodoxia), que incluye el de los virus gramaticales, lo que les otorga primacía teórica, con todo lo que esto implica. Para empezar, la consustancial, es decir, en absoluto excepcional, adhoccidad del conocimiento lingüístico del hablante.

NOTAS

[1] Lakatos, Imre. 1970. Criticism and the growth of knowledge. Cambridge: Cambridge University Press; Feyerabend, Paul. 1975. Against method. Londres: New Left Books.

[2] El término procede de Lakatos, Op. cit.  

[3] Sobin, Nicholas. 1997. Agreement, default rules, and grammatical viruses. Linguistic Inquiry 28, 318-343.

[4] Bley-Vroman, Robert. 2009. The evolving context of the fundamental difference hypothesis. Studies in Second Language Acquisition 31, 175-198.

[5] Sobin, Nicholas. Op. cit., p.319. 

[6] Sobin, Nicholas. Op. cit., p.319.

[7] Sobin, Nicholas. Op. cit., p.330.

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