Introducción a la fragmática

Un medio complejo desafía el análisis basado en reglas establecidas de antemano.

Paul Feyerabend, Tratado contra el método, p. 3

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La sugerencia que quiero articular a continuación consiste en que el conocimiento individual del lenguaje no consiste en una gramática completa del lenguaje externo, sino en algo mucho más fragmentario a lo que, por esa misma razón, llamaré fragmática. El concepto no cuestiona el papel fundamental de las descripciones gramaticales en el quehacer global de la lingüística. El lenguaje externo puede y debe ser descrito gramaticalmente, una tarea ciertamente desafiante en sí misma y un paso básico y esencial para alcazar una mejor comprensión acerca de cómo el hablante se las arregla individualmente para relacionarse con un objeto, el lenguaje externo, con el grado de complejidad del que esas descripciones nos informan. Trataré de ir desarrollando mi tesis en sucesivos pasos. En esta primera aproximación, intentaré establecer el concepto de fragmática y en qué medida puede servir para acercar al hablante a un objeto con esas abrumadoras propiedades.

Al amparo de la variante radical de la tesis de continuidad que asumo, según la cual la representación adulta del lenguaje preserva las principales características de las representaciones lingüísticas infantiles, voy a centrarme en una observación muy robusta sobre estas últimas. El conocimiento temprano sobre las configuraciones sintácticas está centrado, en buena medida, en elementos particulares (“item-based constructions”) [1]. Aquí asumiré que las cosas no cambian demasiado en la edad adulta y que ese sigue siendo un modelo básico de representación del conocimiento sintáctico. El tipo de conocimiento centrado en elementos que sugiero presupone lo siguiente:

  1. El hablante adquiere el conocimiento sobre las configuraciones características del lenguaje externo asociándolo a uno o unos pocos de los elementos que participan en ellas: por ejemplo, un puñado de verbos asociados a un determinado tipo de complementación. Serían lo que Anat Ninio denomina “path-breaking verbs” [2]. Con Michael Tomasello, asumo, además, que los elementos en cuestión varían de unos a otros individuos [3]. Es decir, cada hablante puede representarse una determinada configuración centrándola en unos u otros verbos, según los casos.

  2. El conocimiento centrado en elementos no es exclusivamente un mecanismo de aprendizaje. Asumo que es, también, un formato básico de representación de conocimiento en la edad adulta, acaso más sólidamente asentado en conjuntos más extensos de unidades por configuración que en la edad infantil. Así por ejemplo, los verbos en que se centra el conocimiento de una determinada configuración no serían “path-breaking” únicamente en el sentido de facilitar el arranque del aprendizaje de configuraciones complejas (“bootstrapping”), sino también, y sobre todo, en el de facilitar al hablante, compositiva e interpretativamente, su relación con el lenguaje externo.

Todo lo anterior implicaría que el hablante no alcanza la amplitud descriptiva que se obtiene con el grado de abstracción propio de las formalizaciones gramaticales. Según la tesis que intentaré articular, no necesita hacerlo. Le basta con un tipo de conocimiento más próximo a los datos que recibe, concentrado en ciertos elementos particulares y, por tanto, de naturaleza fragmentaria. Es a este tipo de conocimiento al que denomino fragmática.

Voy a intentar ilustrarlo con un ejemplo. Es habitual que los hablantes valoren como aceptables las construcciones con “islas de si” (¿Qué no sabían si había hecho María?, ¿Qué preguntaron si había hecho María?) y como inaceptables las construcciones con “islas interrogativas” (*¿Qué no sabían cuándo había hecho María?, *¿Qué preguntaron cuándo había hecho María?) [4]. La explicación que ofrecería el modelo sugerido de fragmática es que saber_si y preguntar_si componen un fragmento gramatical en el sentido sugerido, al contrario que *saber_cuándo y *preguntar_cuándo, que no lo componen. Por esta razón, la localización de cuándo en la posición que ocupa en aquellas oraciones se obtiene por movimiento a una posición que determina el bloqueo del movimiento de qué a la suya, por razones de minimidad bien conocidas [5]. En cambio, con si no se produce el mismo efecto de bloqueo, porque se identifica en el procesamiento como un mismo elemento con el verbo. Es importante aclarar que lo anterior no corrige el análisis gramatical, que, insisto, lo es del lenguaje externo, según el cual el verbo y si forman parte de constituyentes diferentes, tal como sugiere el resultado de las diferentes pruebas al uso para la identificación de constituyentes. La idea consiste en que es el análisis del hablante el que los reconoce como un fragmento, con el efecto señalado. No existe incompatibilidad alguna entre los resultados. Lo que la explicación trata de captar es cómo resuelve internamente el hablante la confrontación con esas configuraciones del lenguaje externo, cuyas propiedades formales (bajo hipótesis) desconoce, en consonancia con lo que reflejan sus valoraciones.

Hablan también a favor de la sugerencia basada en el análisis fragmático datos como que el grado de aceptabilidad sea superior en las “islas de si” introducidas por saber que en las introducidas por preguntar, o que en las “islas de cuándo” abunden los individuos que las aceptan cuando el verbo introductor es saber, mientras que son pocos los que las encuentran aceptables si el verbo es preguntar. En la rápida interpretación que me atrevo a dar aquí sobre estos datos, la aceptabilidad es función de la identificación del verbo y el introductor de la subordinada como un fragmento en el análisis individual. En general, se aprecia que saber se presta más al comportamiento propio de un “path-breaking verb” que preguntar: los hablantes que manejan el fragmento preguntar_si parece ser un subconjunto de los que manejan el fragmento saber_si; para algunos hablantes, parece funcionar incluso el fragmento saber_cuándo. Algunos escasos hablantes llegan a fijar el fragmento preguntar_cuándo. Es plausible que la mayoría de los hablantes estudiados manejen el fragmento saber_si y que realicen otros análisis basados en fragmentos que se sirven de aquel como plantilla. También es plausible que un mismo hablante pueda oscilar, de una a otra ocasión, entre el análisis basado en el fragmento o el análisis computacionalmente minucioso de las configuraciones en cuestión.

Obsérvese, como apunte final, que el simple contraste de aceptabilidad entre las islas de si y las interrogativas se podría solventar con un ajuste menor dentro de la ortodoxia, a la manera de la “relativización” de la condición de minimidad propuesta por Luigi Rizzi [6]. Así, en las oraciones aportadas arriba, la mediación de si entre qué y su posición de partida no tiene el mismo efecto que la mediación de cuándo porque si no es un elemento del tipo que qué y cuándo, que, por su parte, sí comparten tipo. Ahora bien, este tipo de solución obliga a marginalizar el resto de las observaciones realizadas acerca de la variabilidad consustancial a los juicios de aceptabilidad en este tipo de configuración, de la que se hace cargo mucho mejor la perspectiva alternativa contradictoria con la ortodoxia. Se trata de un escenario típicamente feyerabendiano, en que la respetable salvaguarda de la ortodoxia lleva a “olvidar las dificultades, no hablar nunca de ellas, y proceder como si la teoría fuese impecable”, dejando de lado que “la contradicción constituye una parte esencial del proceso de descubrimiento” [7].

NOTAS

[1] Tomasello, Michael. 2003. Constructing a language. A usage-based theory of language-acquisition. Cambridge, MA: Harvard University Press.

[2] Ninio, Anat. 1999. Pathbeaking verbs in syntactic development and the question of prototypical transitivity. Journal of Child Language 26, 619-653.  

[3] Tomasello, Michael, Op. cit., pp.121-122.

[4] Recuerdo que los datos proceden del trabajo experimental de Claudia Pañeda en la Universidad de Oviedo [*].

[5] Chomsky, Noam. 1986. Barriers. Cambridge, MA: The MIT Press.

[6] Rizzi, Luigi. 1990. Relativized minimality. Cambridge, MA: The MIT Press.

[7] Feyerabend, Paul. 1975/2010. Tratado contra el método. Madrid: Tecnos [trad. de Diego Ribes], pp. 43 y 62. 

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La música que acompaña a este texto (Less than 2:00) incluye: It Cheers Me Considerably (The Bollweevils, 1990), Bunnyranch (Adam Green, 2003), The day the politicians died (The Magnetic Fields, 2020), Velocity girl (Primal Scream, 1986), I just wanna get along (The Breeders, 1993), My valuable hunting knife (Guided By Voices, 1995), Running in circles (Sea Lions, 2011) y Why don't you eat me now you can (Soko, 2012). La lista es de perropampa™.

 
 
 
 
 
 
 

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