Psicología acabada, gramática y cerebro

El genial psicobiólogo chino Zang-Ying Kuo decía a principios del siglo XX que la teoría de los instintos era propia de una psicología acabada, en el sentido de que daba por terminada su tarea explicativa en el momento mismo en que esta debía comenzar [1]. Así, la observación de que un polluelo manifiesta desde el nacimiento el mismo tipo de cabeceo que más adelante aplicará al picoteo de alimento, por citar un ejemplo más tarde explicado por el propio Kuo [2], no recibe clarificación alguna simplemente consignándolo como parte del repertorio de instintos de la especie. El pecado al que apuntaba Kuo con su crítica es mucho más general y sigue estando presente en más ámbitos de la psicología o ciencia cognitiva de lo que se supone. En lingüística generativa (recordemos, una rama de la psicología cognitiva y, en último término, de la biología [3]), es endémico.

Su manifestación más obvia (aunque no, obviamente, para la mayoría de los que comparten el enfoque) consiste en la consignación como innato de un componente importante del conocimiento gramatical que se le atribuye al hablante, que comprendería, al menos, aquellos rasgos que configuran universalmente las lenguas, los que no tienen un correlato evidente en los estímulos ambientales, o los que cumplen ambas cosas a la vez. El supuesto, considerado consensual en el generativismo [4], de que su elevación al rango de principios innatos de la gramática es explicativa es un claro ejemplo de psicología acabada [5]. Menos obvia, la muestra de psicología acabada del generativismo que quiero discutir aquí es otra.

El especialista en lingüística generativa trabaja fundamentalmente con muestras de un fragmento del lenguaje exteriorizado por uno o más hablantes y asigna a ese fragmento una gramática, es decir, una definición, bajo la forma compacta de algún tipo de sistema de reglas, a la que se acomoda ese fragmento y que se extiende a muchas otras muestras relacionadas que deberán merecer del hablante juicios de aceptabilidad positivos. Complementariamente, la misma definición descartará otras muestras como pertenecientes al lenguaje en cuestión, las cuales deberán, por su parte, recibir del hablante juicios de aceptabilidad negativos. Idealmente, la práctica continuada de este ejercicio debería servir para componer una definición completa del lenguaje externo de interés, si bien la empresa colectiva del generativismo se orienta, legítimamente, antes a investigar las propiedades generales de esas definiciones gramaticales que a lograr una elaboración exhaustiva de cualquiera de ellas. Así caracterizado, el proyecto generativista tiene un interés científico de primer orden.

Ahora bien, la lingüística generativa se convierte, de nuevo, en un proyecto de psicología acabada cuando, una vez definido de este modo un lenguaje externo, declara al resultado explicación de la capacidad del hablante para producir, interpretar o valorar la aceptabilidad de las secuencias que componen ese lenguaje externo. Vuelve a ocurrir, recurriendo de nuevo a la sabiduría de Kuo, que se ofrece como “explicación en sí misma lo que necesita de explicación” [6]. La gramática no es la respuesta a las capacidades demostradas por el hablante, sino que la pregunta es la de cómo consigue desplegar el cerebro del hablante las capacidades que le permiten relacionarse con objetos con las propiedades que la gramática consigna.

Quiero subrayar lo siguiente. La pregunta en cuestión es una de las que configuran el horizonte de explicaciones a las que debe contribuir la lingüística. Tal vez la pregunta central, sin que sirva esta declaración para restar importancia a la lingüística que se centra en descifrar gramaticalmente el lenguaje externo relativamente a la que descifra cómo consigue el cerebro manipular secuencias con las propiedades identificadas. La primera es un ejercicio de poca trascendencia si no es para asistir a la segunda; esta, de entrada, es inviable si no está asistida por aquella. Lo subrayo porque, estando en buena medida de acuerdo con la motivación para diferenciar lingüística y psicolingüística en el sentido de aproximaciones críticas como las de Jerrold Katz o Michael Devitt [7], entre otros, no encuentro, sin embargo, razón alguna para desvincular al cerebro de la lingüística. Mucho menos para, consumada esta desvinculación, considerar las muestras de lenguaje externo como instancias ocasionales y tangibles de realidades lingüísticas abstractas (o platónicas), trascendentes a los hablantes y de algún modo localizadas y compartidas por las comunidades de habla (o saussureanas) [8].

El objeto primordial de la lingüística es el cerebro, independientemente de que la dedicación en particular de cada lingüista lo mantenga más o menos próximo a aquel. El cerebro no se sirve de una gramática, que defina precisa y exhaustivamente un lenguaje externo, porque la capacidad lingüística del hablante no consiste en reconocer precisa y exhaustivamente un lenguaje. El hablante no dispone de un sistema de conocimiento cerrado acerca del conjunto infinitamente abierto de secuencias que componen un lenguaje. El hablante posee una capacidad abierta que lo habilita para componer, interpretar o simplemente reconocer, con más o menos sistematicidad, precisión o familiaridad, secuencias, relativamente acorde con la que otros individuos consiguen componer, interpretar y reconocer esas o semejantes secuencias. La definición gramatical compacta de conjuntos potencialmente infinitos de secuencias no es nada acerca de lo que sean determinados estados hipotéticos del cerebro. La definición gramatical compacta de conjuntos potencialmente infinitos de secuencias es solo eso: una definición gramatical compacta de conjuntos potencialmente infinitos de secuencias. Transformarla en el contenido intencional de los estados cerebrales que intervienen en las diferentes tareas que relacionan al hablante con esas secuencias es una forma más de psicología acabada [9].

NOTAS

[1] Kuo, Zing-Yang. 1922. How are our instincts acquired? The Psychological Review 29.344-365.

[2] Kuo, Zing-Yang. 1932. Ontogeny of embryonic behavior in aves: IV. The influence of embryonic movements upon behavior after hatching. Journal of Comparative and Physiological Psychology 14. 109-122. 

[3] Chomsky, Noam. 1980. Rules and Representations. Nueva York: Columbia University Press.

[4] Hornstein, Norbert, Nunes, Jairo y Grohmann, Kleanthes. 2005. Understanding Minimalism. Cambridge: Cambridge University Press.

[5] Lorenzo, Guillermo y Longa, Víctor M. 2018. El innatismo. Madrid: Cátedra.

[6] Kuo, Zang-Ying. 1924. A psychology without heredity. The Psychological Review 31. p.438.

[7] Katz, Jerrold. 1980. Language and other abstract objects. Lanham, MD: Rowman & Littlefield Publishers;  Devitt, Michael. 2006. Ignorance of language. Oxford: Oxford University Press.

[8] Una defensa reciente de esta posición se encuentra en Koster, Jan. 2009. Ceaseless, unpredictable creativity: language as technology. Biolinguistics 3. 61–092. En Chomsky, Noam. 1986. Knowledge of language. Its nature, origins and use. New York: Praeger, se encuentra una discusión sobre la revitalización del platonismo lingüístico a finales del siglo XX. Las tesis de Koster se discuten en Boeckx, Cedric, Balari, Sergio y Lorenzo, Guillermo. 2012. On the feasibility of biolinguistics: Koster’s word-based challenge and our ‘natural computation’ alternative. Biolinguistics 6. 205–221.

[9] Para un modelo compatible con al afirmaciones de este párrafo, véase Balari, Sergio y Lorenzo, Guillermo. 2013. Computational phenotypes. Towards an evolutionary developmental biolinguistics. Oxford: Oxford University Press.

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La música que acompaña a este texto (Deep inside. No grammar) incluye: The psychologist (Mary Davidson, Working class woman, 2018), The yabba (Battles, La di da di, 2015), Odessa (Caribou, Swing, 2010), Kill for love (Chromatics, Kill for love, 2012), Vertical (Animal Collective, Painting with, 2016), Archangel (Burial, Untrue, 2007), Talking heads (Black Midi, Taking heads single, 2019) y Language is a virus (Laurie Anderson, Home of the brave, 1986). La lista es de perropampa.

 
 
 
 
 
 
 
 
 

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