La gramaticalidad no es como nos habían contado

post-grammar
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Un motivo importante para objetar que los hablantes tengan intuiciones de gramaticalidad se sigue de la cuidadosa distinción entre gramaticalidad y aceptabilidad que Chomsky hace en Aspectos de una teoría de la sintaxis [1]. La segunda noción, como dicen Smith y Allott, hace alusión a “how sequences of words strike a native speaker”[2] –aunque ellos, erróneamente, la vinculan directamente con la capacidad de formular juicios de gramaticalidad. La primera, en cambio, hace referencia a un concepto teórico de “buena formación”, cuya especificidad consiste en que va acompañada de la asignación de la información estructural de la que hipotéticamente se sigue la buena formación [3]. De ahí que Chomsky insista y puntualice que “no se debe confundir la noción ‘aceptable’ con ‘gramatical’. El concepto de aceptabilidad pertenece al estudio de la actuación, mientras que gramaticalidad pertenece al estudio de la competencia” [4]. El hablante, de uno u otro modo, juzga como bien o mal formadas las secuencias que se le presentan. Ahora bien, la afirmación suplementaria de que lo hace atribuyendo descripciones estructurales a esas secuencias, que basa en su conocimiento (tácito) de categorías y reglas gramaticales como las que el especialista usa para describir estructuralmente el lenguaje externo, es una hipótesis de trabajo. Como tal, no es directamente verdadera ni, desde luego, tampoco falsa: es falsable, que es la categoría afín a las dos primeras realmente pertinente en el plano teórico. O debería serlo, porque el problema al que apuntaré con el dedo a continuación tiene que ver con la dudosa proclividad de la hipótesis para someterse a falsación. Téngase en cuenta la aseveración del propio Chomsky de que “no hay razón alguna para suponer que se llegará a contar con criterios operacionales fidedignos para las nociones lingüísticas teóricas más importantes y profundas (tales como ‘gramaticalidad’)” [5].

Lo más cercano a la operacionalización de la noción de gramaticalidad de que disponemos es, precisamente, su asociación heurística con la apelación a las intuiciones y la elicitación de juicios de buena formación de los hablantes (habitualmente, la auto-elicitación de juicios de buena formación), bajo el supuesto de que los diversos tipos de efectos ocasionales que pueden distorsionar los juicios están controlados. Esto es fundamental porque, como advierte Chomsky, “la gramaticalidad es solo uno de los factores que contribuyen a determinar la aceptabilidad” [6]. Dejando de lado un justificado escepticismo sobre el rigor de tales controles, supongamos que la aplicación de este tipo de método sea generalizadamente rigurosa y que cualquier factor distractor está bien discriminado y debidamente controlado. La pregunta que me planteo entonces es la siguiente: ¿tienen realmente los juicios de buena formación un tipo de claridad y consistencia tales que justifiquen su asociación heurística con un sistema de regulación gramatical y, a fortiori, la identificación teórica de este sistema con un estado de conocimiento individual del hablante?

Los juicios de buena formación no son realmente como abrumadoramente nos muestra la bibliografía generativista. En esta, se presenta como un atributo de la secuencia ejemplo que puede adoptar un valor positivo o un valor negativo, que se simboliza con un asterisco (*). La vieja advertencia de Chomsky, según la cual “como la aceptabilidad, la gramaticalidad es, sin duda, cosa de grado” [7], se refleja, muy tenuemente, en la vaga categoría del “a medio camino” que se representa con un interrogante (?), que a veces se presenta solo, otras matizando al asterisco (*?) y, en algunos casos, con una o más repeticiones, cuyo número no se atiene a ninguna escala en particular. Mi dedo acusador no apunta a este venerable procedimiento, endeble como es. Los juicios de buena formación suelen ser los del propio investigador (si es nativo en la lengua que estudia), con algún que otro control a través de hablantes próximos a él, o de algún informante o pequeño grupo de informantes (si no lo es). Tampoco criticaré que el método no se aplique a escalas poblacionales más representativas, pues admito la justificación de que se trata de explorar sistemas de conocimiento individuales y no la omnipresencia de un tipo de sistema en particular entre la población. Mi preocupación es otra.

Tengo ante mí los resultados de unas pruebas de elicitación de juicios de buena formación basados en una escala (1 a 7, de menos a más aceptable) sobre construcciones de islas introducidas por si (p.ej. si habíamos recogido x) o por cuándo (p.ej. cuándo habíamos recogido x) complementando diferentes tipos de verbo, en concreto, saber y preguntar [8]. La prueba movilizó algo más de una cincuentena de informantes. Con relación a las islas de si, existen trabajos previos, considerados clásicos en la materia, que juzgan mal formadas las oraciones en que son introducidas por preguntar (*¿Qué preguntaron si había hecho María?) y bien formadas las oraciones en que son introducidas por saber (¿Qué no sabían si había hecho María?) [9].

Los resultados obtenidos por estas pruebas muestran lo siguiente. En el caso de las islas de si, los juicios las sitúan dentro del rango de la buena formación en el caso de los dos verbos, aunque por encima si son introducidas por saber. Desmentirían los juicios previamente existentes, aunque confirmarían la mayor aceptabilidad relativa si el verbo introductor es saber. En el caso de las islas de cuándo, los juicios se sitúan, en cambio, en el rango de la inaceptabilidad, que se incrementa, de nuevo, si el verbo introductor es preguntar. La generalización que es posible hacer con relación a la población considerada como un todo sería la siguiente: las islas de si son aceptables, más aceptables si son introducidas por saber que por preguntar; las islas de cuándo no son aceptables, menos si son introducidas por preguntar que por saber. El resultado es en sí mismo interesante. Pero se refiere a una abstracción del tipo que la gramática generativa no considera del todo interesante. Descendamos, pues, al nivel del individuo, que es el que realmente le interesa.

Pues bien, aquí es donde nos encontramos con la verdadera sorpresa del asunto. En el caso de las islas de cuándo introducidas por saber (con un promedio en el rango de la inaceptabilidad), el número de juicios individuales de aceptación e inaceptación es casi el mismo; cuando son introducidas por preguntar (con el mismo tipo de promedio, aunque más acusado), son más los juicios de inaceptación, pero siguen abundando los de aceptación. Estos son los datos que me interesan.

Desde luego, no desmienten en absoluto las generalizaciones que finalmente dictan que uno u otro tipo de isla da lugar a secuencias bien o mal formadas, si bien nos hablan de estados de conocimiento notablemente divergentes del que queda retratado como promedio. Business as usual. Ahora bien, ¿en qué estado queda entonces el proyecto de conceder a algunas de estas restricciones universalidad? ¿Escapan esas gramáticas residuales a la gramática universal? Lo apunto, aunque no es esta mi principal objeción.

Mi principal objeción es que el tipo de resultados que arrojan estudios mínimamente pormenorizados, como el que proporciona los datos que comento, parece que solo muy forzadamente encaja en un modelo en que los juicios de buena formación son directamente referidos al conocimiento de un sistema de reglas gramaticales que se supone muy restricto, delineado a partir de categorías y principios gramaticales de alcance universal y suplementariamente constreñidos por otros de superior rango y alcance que condicionan la propia implantación y operatividad de los primeros [10]. Mi sospecha, que, como se ve, no es infundada, es que la tesis de que los juicios de aceptabilidad responden (ceteris paribus) a un transfondo individual de conocimiento gramatical acerca del tipo de regularidades con que el analista descifra el lenguaje externo tiene mucho de acomodación voluntarista, si no directamente ciega, a una ortodoxia imperante, pero que tropezaría una y otra vez, si la mirase cara a cara, con la terca realidad de los hechos. Tienen razón Smith y Allott cuando nos recuerdan que “intuitions are data” [11]. Sin embargo, sucede que las intuiciones no son como nos contaron.


La remisión al cerebro de los hablantes de los sistemas de categorías y reglas o principios gramaticales con que damos teóricamente sentido al lenguaje externo es precipitada. Tal vez gratuita. Casi tanto como la de remitir ulteriormente partes de ese supuesto caudal de conocimiento al genotipo humano. El cerebro, qué duda cabe, opera con las secuencias que en último término exteriorizamos, las compone, las manipula, las interpreta, etc. Ahora bien, el tipo de familiaridad que el hablante demuestra tener con muchas de las secuencias compatibles con las gramáticas que el estudioso del lenguaje externo elabora es muy diferente al de la historia oficial. El hablante duda, modula, responde inconsistentemente con relación a otros hablantes o en diferentes ocasiones, no sabe/no contesta en muchos casos, etc. El hablante, me temo, no pasaría un test de Turing.

NOTAS

[1] Chomsky, Noam. 1965. Aspects of the theory of syntax. Cambridge, MA: The MIT Press. Citaré por la tan sólida como pintoresca traducción y edición de C.P. Otero: Aspectos de la teoría de la sintaxis. Barcelona: Gedisa, 1999.

[2] Smith, Neil y Allot, Nicholas. 2016. Chomsky. Ideas and Ideals. Third Edition. Cambridge: Cambridge University Press, p.139. 

[3] Chomsky, Noam. Op. cit., p.5.

[4] Chomsky, Noam. Op. cit., p.12.

[5] Chomsky, Noam. Op. cit., p.20.

[6] Chomsky, Noam. Op. cit., p.13.

[7] Chomsky, Noam. Op. cit., p.13.

[8] Proceden del trabajo doctoral en curso de Claudia Pañeda Rodríguez en la Universidad de Oviedo, que refiero con su autorización.

[9] Suñer, Margarita. 1991. Indirect questions and the structure of CP: Some consequences. In H. Campos & Fernando Martínez-Gil (eds.), Current Studies in Spanish Linguistics, 283–312. Washington, D.C.: Georgetown University Press; Torrego, Esther. 1984. On inversion in Spanish and some of its effects. Linguistic Inquiry 15. 103–129.

[10] Chomsky, Noam. 2005. Three factor in language design. Linguistic Inquiry 36. 1-22.

[11] Smith, Neil y Allot, Nicholas. Op. cit., p.140.

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La música que acompaña a este texto (post-grammar) incluye las siguientes piezas: One very important thought (Boards of Canada, Music has the right to children, 1998), She moves she (Four Tet, Rounds, 2013), Océano, (Dotore, Variaciones, 2014), Victims of geology (Warm Digits, Wireless world, 2017), Doppelgänger (Jupiter Lion, Brighter, 2014), La vida está en otra parte (Belver Yin, Luz Bel, 1996), Telephasic workshop (Boards of Canada, Music has the right to children, 1998)y Ashes grammar (A Sunny Day in Glasgow, Ashes Grammar, 2009). La lista es de perropampa™.

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