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Policías y ladrones: la ansiedad de la influencia
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El genio absoluto es raro. Mucho más a menudo, la creación intelectual o artística necesita nutrirse del juego de la influencia, para mayor gloria de la legión de zahoríes que han hecho del descubrimiento de fuentes, pozos y pozuelos de influencia afición e incluso profesión. El de la influencia es un juego perverso. No en vano, el orondo Harold Bloom lo explicaba como una suerte de ansia parricida porque, en última instancia, el influido necesita afirmar su posición de pretendida superioridad relativamente al influyente, desplazarlo y dejarlo a la posteridad reducido a la más modesta condición de heraldo del verdadero genio por llegar. La influencia es perversa, especialmente, por su condición asimétrica, por esa especie de indefensión a que condena la posición del influyente que, contrariamente al influido, no puede escoger a este. Las apariencias engañan, y en el encaje de la relación discípulo-maestro, es el aparentemente inferior, el seguidor, el discípulo, quien tiene todas las de ganar. Esto no quiere decir que, a veces, aunque sean raras veces, el debilitado maestro al que han brotado acólitos engreídos no desperdicie la ocasión para poner las cosas en su sitio. De esto va esta historia, que contaré con algunos rodeos que los oídos de mis tres o cuatro lectores (un total de seis u ocho pabellones auditivos) posiblemente agradecerán.


En el monográfico sobre The Clash de la revista Uncut (otoño de 2017, cuarenta años después de la publicación de su primer LP), “Police and thieves” aparece seleccionada entre las treinta mejores canciones del grupo; de hecho, entre las quince mejores (ocupa la posición número 12 de una lista comentada por primeras firmas). Todo admirador de la banda sabe que “Police and thieves” es una versión, magistralmente blanqueada, de una pieza reggae homónima, compuesta por Junior Murvin, rematada por Lee “Scrath” Perry en The Ark e interpretada por el primero con notable éxito, tanto en Jamaica como en el Reino Unido en 1977 (aparece en el álbum, también homónimo, publicado ese mismo año por Junior Murvin). “Police and thieves” es una de las mejores declaraciones del estado de terror de la Jamaica de los años setenta del siglo XX, esa especie de caos, que los rastafari bautizaron como Babylon, en que la policía no defendía más que intereses particulares y los ladrones jamás ofrecieron la esperanza de convertir la isla en una versión exótica del bosque de Sherwood. Mutatis mutandis, Strummer, Jones, Simonon y Headon encontraron todas las razones para no sentir muy diferente la realidad londrina de esos mismos años. Pocos niegan hoy que, en este caso, los dos polos de influencia son igualmente magistrales. Ahora bien, tanto Junior Murvin como Lee Perry renegaron en su momento de la versión: “They have destroyed Jah work!”– más o menos, “Han destrozado un trabajo divino”–, llegó a exclamar Murvin. Es de justicia señalar que Strummer siempre concedió la superioridad de la versión original en todos los sentidos.


Tan conocida como la devoción de Strummer por Junior Murvin es la de todo el grupo por el, sin duda, genial Bo Diddley. En 1979, la banda solicitó que los promotores propusieran a Diddley, que resultó estar girando por Australia, ejercer como telonero a lo largo de la primera gira americana de The Clash: los míticos diez conciertos en Estados Unidos y Canadá, durante los meses de enero y febrero de aquel año, bajo la denominación de Pearl Harbour Tour. Para sorpresa de todos, Diddley aceptó, dio la espantada en sus compromisos australianos e hizo conciertos de apertura para el grupo en cuatro de esos espectáculos.


Diddley estaba en plena forma en esa época y los Clash estaban encantados compartiendo autobús, camerinos y escenarios con la vieja gloria local. Sin duda, la admiración por Bo Diddley no necesita mayores explicaciones. Cualquiera puede adorar a Bo Diddley sin ningún motivo en particular. Sus discos son electrizantes. Si uno escucha el fundamental Beach Party, de 1963, podrá hacerse una idea de cómo debían de ser sus conciertos. Extraterrestres. Tengo la convicción, no obstante, de que uno de los motivos de la afinidad entre los Clash y Diddley debió de ser el universo de canciones del último como “Cops and robbers” (o sea, policías y ladrones, una vez más), del soberbio album Have Guitar, Will Travel, de 1959. No es, ni mucho menos, una obra divina, como diría Junior Murvin, pero a su manera chistosa e irónica refleja el mismo estado de cosas que en Jamaica llamaron Babylon, aunque en una cuidad norteamericana no identificada, pero que pasaría por una Babylon superlativa para cualquier jamaicano. La canción es original de Kent Harris, que llegó a grabarla el mismo año como cara B de un 7” de sus Boogaloo and His Gallant Crew. “Police and thieves” no es, desde luego, una versión de “Cops and robbers”, pero es inevitable que hoy escuchemos la segunda como una especie de precuela de la primera, especialmente a través del unificador efecto de The Clash.


Hasta aquí, los rodeos. Volvamos al asunto inicial de esta nota. Recuerden: el influido escoge al influyente, pero al influyente le toca aguantarse y cargar con los influidos que le toquen en suerte. En 2002, todavía activo, Bo Diddley concedió una entrevista en que se le preguntó por la experiencia de haber teloneado a The Clash en 1979. Su respuesta fue, más o menos, esta:


¡Por dios, eso fue ridículo! Todavía se me resienten los oídos. Si tienes música que ofrecer, todo lo que necesitas es un amplificador, tu “hacha” [NB. guitarra] y tú. No necesitas todo ese equipo y todo esa potencia, no la necesitas. Toda esa mierda… ¡era estúpido! Cuando fui a los ensayos, en el Commodore Ballroom de Vancouver, fue como si el edificio explotase. Todos los que estábamos cerca de aquellos amplificadores y aquellas montañas de altavoces tuvimos que largarnos. Me retumbaron los oídos toda la noche. Es algo que no tiene sentido. Pero, en fin, cada generación tiene sus trucos…


Por una vez, el influyente puso las cosas en su sitio. Sobran más palabras. Que entre la música.

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police and thieves contiene las siguientes piezas: Hey Bo Diddley (Bo Diddley, Beach Party, 1963), Cops and Robbers (Boogaloo and His Gallant Crew, 1959), Police and Thieves (Junior Murvin, Police and Thieves, 1977), Cops and Robbers (Bo Diddley, Have Guitar, Will Travel, 1959), Police and Thieves (The Clash, The Clash, 1977), Suicide Policeman (Yuck, Yuck, 2011). La lista es de perropampa™.

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