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La cantante hipoacúsica

perropampa™

[04.01.2021]

1ª Parte

Para que Christa se llamase Nico, para que su voz pesase sobre el mundo como un chelo sonámbulo, fue necesario un ancho espacio y un largo tiempo. Fue necesario, por ejemplo, que las bombas aliadas redujeran Colonia casi a escombros, que Christa huyese con su abuelo y su madre a Berlín o que el fin de la guerra la dejase en el lado correcto de la cuidad. Fue necesario también un largo periplo por mostradores y pasarelas. Berlín, París, Nueva York. Publicidad. Cine. Los años sesenta en ciernes. Warhol aún está por aparecer, pero Nico ya existe.

Nico empezó a cantar en clubes nocturnos, por iniciativa propia, en 1963. Su verdadero descubridor fue el satánico Brian Jones, quien obvia e inevitablemente la sedujo satánicamente. También promovió su primera grabación. El primer disco de Nico es un luminoso single, en cuya cara A (I’m not sayin’) interpreta una preciosa pieza del compositor y cantante folk canadiense Gordon Lightfoot. La cara B (The last mile) es una composición de Andrew Loog Oldham (cuyo sello Immediate Records editó el disco) y Jimmy Page (sí, el futuro Led Zeppelin Jimmy Page). El single no sería más que eso, un luminoso disco de buena música folk, si no fuese por la languidez, unas veces, y los altibajos, otras, que Nico involuntariamente le imprime, tal vez por la hipoacusia que ya padecía. Era el año 1965.

Solo entonces (1966) aparecen Warhol y Morrisey (Paul) con sus películas experimentales, el espectáculo “Exploding Plastic Inevitable” y el capricho de Andy de incorporar a Nico en el primer álbum de The Velvet Underground, a regañadientes de la banda. Nunca sabremos si al disco le hubiese ido mejor o peor aún (porque, sí, al disco no le fue nada bien) sin Nico haciendo sombra a Reed, Cale, Morrison y Tucker. La asociación no tuvo más recorrido. Con la ayuda de Reed, Cale y Morrison, y también de Bob Dylan, Jackson Browne y Tim Hardin, Nico no tuvo sin embargo problemas para montar en 1967 su primer LP en solitario: Chelsea Girl. Nico seguía existiendo después de The Velvet Underground.

Quien parece que definitivamente empujó a Nico a que compusiese sus propias canciones fue su amigo Jim Morrison. Sus siguientes discos de estudio, cinco, entre 1969 y 1985, se basan casi enteramente en composiciones propias (alguna versión aquí y allá, pocas, en verdad), que seguramente no sonarían como lo hacen sin los arreglos y las producciones de John Cale, definitivamente su más fiel aliado musical a lo largo de los años. Son, de todos modos, indiscutiblemente, discos de Nico.

La última canción del último disco de estudio de Nico (Camera Obscura, 1985) se titula Konig, está compuesta y cantada en alemán y es, realidad, la más antigua del álbum (de hecho, un descarte del tercer álbum, Desertshore, 1970). No deja de ser una pieza muy característica de Nico, especialmente por el acompañamiento del armonio con que muchas veces componía y a menudo interpretaba sus piezas. Sin embargo, puestos a escoger una canción que simbolice el adiós de Nico, igual que I’m not sayin’ simboliza su fulgurante aparición, me inclino por You forget to answer, que pertenece a The End (1974) y cierra el registro de su última grabación en directo (Nico’s Last Concert: Fata Morgana 06.06.88; 1994), el mismo año de su muerte accidental en Ibiza el 18 de julio de 1988.

 

Señalo, en fin, un principio y un final. Entre uno y otro, un inquietante camino que vale la pena recorrer.

2ª Parte

La bibliografía sobre música e hipoacusia apenas recoge otra cosa que estudios y recomendaciones para aquellos que, por motivos de profesión o afición, corren el riesgo de perder parte o la totalidad de la audición por una alta exposición a los decibelios. El efecto es bien conocido y frecuente, casi una enfermedad profesional endémica entre los músicos. Nico sufría hipoacusia. Dicen algunos que uno de sus oídos estaba totalmente ensordecido. También cuentan algunas crónicas que uno de los principales motivos del desencuentro de los Velvet con Nico era el tiempo que le llevaba la afinación a la cantante a causa de su limitación auditiva. 

La hipoacusia de Nico no la causaron los ruidosos garitos neoyorquinos de finales de los sesenta ni su dedicación profesional a la música (¿las bombas aliadas? Tal vez). Desde que tuve noticia de este detalle, raramente referido, sentí inmediatamente que la música de Nico adquiría una nueva dimensión: la hipoacusia no fue consecuencia de su dedicación a la música, sino causa de su singular manera de componer y cantar. Las subidas y bajadas abruptas de tono, la manera de cantar como si la notas se le olvidaran o se le perdieran por el camino, la necesidad de acompañarse del machacón armonio para marcar las difusas y entrecortadas líneas melódicas de las canciones, son detalles que ahora entiendo como debidas a su carencia parcial de audición. Todo lo cual no deja de aportar un valor añadido a la música de Nico, porque no solo demostró que la música es practicable y disfrutable con una carencia auditiva parcial, sino que nos permitió además descubrir y entender el universo musical posible, decididamente disfrutable, de una persona con esa condición sensorial.

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For Christa, by perropampa™, contiene: The Warlocks: Song for Nico, Pt. 1 (Rise and Fall + Rarities, 2001/2010); Nico: I'm not sayin' (I'm not sayin', 1965); Buffalo Tom: All tomorrow's parties (Besides, 2002); Nico: Afraid (Desertshore, 1970); Gordon Lightfoot: I'm not sayin' (Lightfoot, 1966); Nico: You forgot to answer (The End, 1974); The Primitives: I'm not sayin' (Echoes and Rhymes, 2012); The Warlocks: Song for Nico, Pt. 2 (Rise and Fall + Rarities, 2001/2010).

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