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Diario de la chica rata

Oviedo, 07.04.2020

 

Throwing Muses serán siempre el arquetipo de college rock band. En español diríamos banda universitaria de rock. Lo de universitario no tiene connotaciones ni mucho menos intelectuales. Hace simplemente referencia a la efervescencia cultural y artística de muchos campus universitarios norteamericanos de finales de los ochenta y primeros noventa, Me consta que mucha de la gente que vivía o circulaba por el entorno de esos campus no eran ni estudiantes ni profesores, sino personas de todo tipo que encontraban en ese ambiente estímulo, medios, escenarios y también, por supuesto, un desahogo a la tirantez de la sociedad norteamericana más allá de esos remansos. Las bandas de rock fueron un elemento más del riquísimo patrimonio cultural a que todo aquello dio lugar. Aquí ya se habrían formulado candidaturas a la UNESCO para la declaración de tesoro inmaterial o intangible de la humanidad, pero en los Estados Unidos van a su aire. A veces para bien y a veces para mal.

De Throwing Muses, en sus diferentes fases y encarnaciones, tengo muchísimas cosas buenas que decir. Aquí, sin embargo, quiero limitarme a escribir algunas cosas que puedan animar a alguien a leer el precioso libro de Kristin Hersh sobre los orígenes de la banda. La edición original en inglés es del 2010 y la traducción al español del 2012. Ambas se titulan Rat girl.

 

 

Rat girl es la elaboración literaria, totalmente lograda, del diario que la vocalista, guitarrista y compositora principal de la banda escribió en un año decisivo tanto para ella como para sus compañeros por aquel entonces: Tanya Donelly (guitarra, posteriormente en The Breeders y Belly), Leslie Langston (bajista, posteriormente en Belly y actualmente trabajadora social en la clínica del Massachusetts Institute of Technology) y David Narcizo (Throwing, Throwing, Throwing… y, por cierto, uno de los baterías más interesantes de su generación, tenía alergia a los platillos). Fue el año que precedió a la grabación de su epónimo primer disco, editado en 1986.

Ese año Kristin comenzó a experimentar las alucinaciones que la pusieron sobre la pista del trastorno maníaco-depresivo (o bipolar) que le fue rápidamente diagnosticado. Confiesa en el libro que había empezado a escuchar canciones en su cabeza unos años antes, después de un atropello que le causó traumatismos graves. Las alucinaciones comenzó a sentirlas durante una temporada en que vivió como okupa en una casa decrépita, conocida como The Doghouse (La perrera). Supo transformarlas en las letras de las canciones que la banda grabaría poco tiempo después en una cinta titulada In a Doghouse, de la que el disco Throwing Muses es en realidad una versión elaborada (un poco como Rat Girl es la elaboración del diario informal de Kristin de aquella época). También ese mismo año, la banda llega a la conclusión de que se les ha agotado el pequeño circuito universitario en torno a la Brown University (Providence, Rhode Island), y se traslada a Boston. Se instalan como 'parásitos' (dicho sea sin connotación negativa, ellos estarían de acuerdo, seguro) del ambiente en torno a Harvard, en el vivísimo nicho cultural de Cambridge. Hablamos del Boston de Mission of Burma, The Del Fuegos, Pixies, Lemonheads, Juliana Hatfield, Buffalo Tom… casi nada. Es el año, además, en que Kristin se queda embarazada sin proponérselo, pero se propone y consigue llevar a término su embarazo . Y es, por si fuera, poco, el año en que, no se sabe cómo, una de las cintas que vendían en los conciertos en garitos apestosos de Boston (los calificativos no los pongo yo) llega a las manos de Ivo Watts-Russell en Londres. Si a alguien el nombre no le dice mucho, es fácil solucionarlo con un puñado de datos: cofundador del sello 4AD, productor del primer álbum de Cocteau Twins, figura en la sombra de ese experimento maravilloso llamado This Mortal Coil... De repente, Ivo se cuela como por arte de magia en la vida de miseria (felizmente asumida) que el grupo llevaba en Boston. Graban Throwing Muses para 4AD. Tenían 19 años.

Insisto en que no pretendo en estas líneas ensalzar la carrera musical de Throwing Muses y sus secuelas, salvo para insistir en que no hay nada desperdiciable en ellas. Todos los discos de los Muses, tanto pre como post Tanya Donelly, valen la pena y algunos (Tornado, The Real Ramona, University…) son verdaderos tesoros. Belly, el grupo del que Tania fue alma, y los discos en solitario de Kristin estarían, seguramente, mucho más valorados si no arrastrasen la etiqueta de proyectos tardíos de los una vez genios adolescentes Throwing Muses. Lo que estoy escribiendo va sobre la chica rata. Y el acompañante musical perfecto para la lectura de Rat Girl es, naturalmente, el Throwing Muses de 1986. Para quien no lo haya escuchado aún (¡qué envidia!), o lo haya hecho superficialmente, ¿cuál es la recompensa de una música tan claramente exigente? Pues, para empezar, su exigencia: engañosos guiños folk, casi siempre preámbulo de vertiginosos cambios de ritmo, claroscuros musicales que tan pronto te contagian de unas ganas irreprimibles de bailar como, en el acorde siguiente, de ponerte a llorar o darte golpes contra la pared, unas letras delirantes, en el sentido más literal de la expresión, que algunos tildarían de surrealistas y que, sin embargo, ilustran la pura realidad vital de tantas y tantas personas con una mente como la de Kristin, Belleza. Fealdad. Belleza y fealdad atrayéndose y repeliéndose mutuamente. Autenticidad. Tal vez, la mayor lección que los Muses nos han dejado es que la creatividad no tiene que ver, necesariamente, con el artificio.

Como el libro tiene cuatrocientas páginas y eso da para muchas audiciones, la otra recomendación obvia es In a Doghouse, la cinta seminal del Throwing Muses. Existe, que yo sepa (es fácil investigar si hay más opciones), una versión oficial en el doble CD con el mismo título (In a Doghouse), cuyo primer CD es el álbum de 4AD (Throwing Muses) y el segundo la cinta que cautivó a Ivo Watts-Russell hasta el punto de que descubriera desde Londres, contra todo pronóstico, la manera de contactar con la madriguera en que los Muses malvivían felizmente en Boston. Vale la pena escuchar, comparar y disfrutar las dos obras, que son y no son la misma, al tiempo que se lee Rat Girl.

Una última recomendación. Poco antes de grabar para 4AD, los Muses accedieron, tras muchas dudas por su parte y mucha insistencia por la otra, en grabar un video-clip con una de las canciones más complejas de In a Doghouse, titulada Fish (no está en Throwing Muses, pero sí en la legendaria recopilación de 4AD Lonely is an Eyesore, de 1987). Los creativos del video les prometieron que su objetivo era romper radicalmente con el basurero visual del los video-clips de la época. Y vaya si lo consiguieron. El video contiene, además, un detalle precioso, para el que los autores pidieron autorización explícita a Kristin: en alguna toma fugaz, es posible ver la naturalidad con que tocaba la guitarra y aullaba  en avanzado estado de gestación. Se encuentra sin dificultad en la red,

 

 

 

 

En una de tantas sentencias llenas de espontánea sabiduría que es posible encontrar en Rat Girl, leí y anoté lo siguiente:  "Cuanto más te gusta la música, menos música te gusta, porque te vuelves exigente" (pág, 359 de la edición en español). Creo que es verdad. Sin embargo, los años pasan, la música no para de gustarme cada día más… y los Muses  me siguen gustando tanto como siempre. Incluso algo más, después de haber leído Rat Girl.

 

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Esta es una licencia de cultura libre.

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