I’m new here, we are new here, we're new again …

by perropampa™

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Se sabe que una versión musical es buena cuando se siente como una declaración de amor genuina. Las otras, tal vez la mayoría, seguramente no sean más que un gesto infantil de regocijo en la repetición, como defendía Theodor W. Adorno, o una manifestación más de las ventajas del robo frente al trabajo honesto (la frase se la robo a Bertrand Russell para evitar tener que esforzarme honestamente en encontrar otra que exprese mejor lo que quiero decir). Son raros los músicos que no la hayan practicado alguna que otra vez. Hasta los hay que han versionado las versiones de sus propias canciones. Dylan grabó algunas de las suyas después de haberlo hecho otros músicos antes que él. Las versiones de The Byrds de las canciones de Dylan son magistrales. Pero es que las versiones de Dylan de las versiones de The Byrds de sus propias canciones son todavía mejores. La versión de The Pains of Being Pure at Heart del "Feel a whole lot better" no es una versión del "Feel a Whole Lot Better" de The Byrds, sino del "Feel a Whole Lot Better" de Tom Petty versionando el "Feel a Whole Lot Better" de The Byrds (¿explicación? véase abajo). Estoy seguro de que deben de existir músicos que han versionado canciones sin saber que versionaban versiones. Cosas de la recursividad y lo difuso de la propiedad intelectual.

Existen bastantes discos basados exclusivamente en versiones y muchos son realmente aconsejables. Mis favoritos son los de Yo La Tengo (Fakebook, 1990; Stuff like that there, 2015; sin olvidar el Fuckbook, 2009, con el alias Condo Fucks), Cat Power (The cover record, 2000; Covers, 2022) y The Lemonheads (Varshons, 2009; Varshons 2, 2019). Con todo, creo que la manifestación suprema de este género son las versiones de Dean Wareham (Galaxy 500) al frente de Luna, aunque solo hayan merecido recopilación en el bonus CD del Best of Luna (2006), con la (sub)denominación de Lunafied Luna Covers. Señores del RSD, tomen nota, porque tienen aquí una joya de primera para vinilificar en una próxima edición. De Gainsbourg a Wire, pasando por Kraftwerk… un auténtico delirio. Ahí queda la idea.

Menos habituales, aunque sospecho que van a serlo cada vez más, son los álbumes versión de otros álbumes. Los auténticos dominadores del género son los Flaming Lips, que ya han recreado, con desiguales resultados, el In the court of the Crimson King de King Crimson (Playing hide and seek with the ghost of dawn, 2012), el The dark side of the moon de Pink Floyd (The dark side of the moon, 2013), el Stone Roses de Stone Roses (The time has come to shoot you down… What a sound, 2013) y el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (o algo que se le parece) de The Beatles (With a little help from my fwends, 2014). En mi opinion, sin embargo, todos ellos son superados por la versión de Stephen Malkmus (Pavement, Silver Jews, etc.) del Ege Bamyasi de Can (Can’s Ege Bamyasi, 2013) o la de The Pains of Being Pure at Heart del Full Moon Fever de Tom Petty (Full Moon Fever, 2018), que sirvió como discreta despedida del grupo. Los dos discos, el de Malkmus y el The Pains, transmiten un amor hacia sus fuentes que no llegan a inspirar los artificiosos juegos de los Flaming.

Lo que resulta mucho más insólito es que un mismo disco llegue a ser objeto de más de una versión íntegra. En el único caso que conozco, el referente es un disco realmente extraordinario, cuyas versiones, de estilos radicalmente opuestos, nos hacen ver además como dotado de facetas y brillos realmente excepcionales.

Allá por el año 2007, Gil Scott-Heron se encontró, por primera vez en mucho tiempo, en el lugar cierto y en el momento adecuado. Se tropieza con Richard Russell, que lo ficha para su XL Recordings, tal vez el sello más inesperado para el tipo de artista que Gil había sido hasta entonces. Nada menos que la discográfica independiente de Thom Yorke, Vampire Weekend, Sigur Rós o The xx, todos ellos verdaderas cúspides de lo que significa ser moderno en el siglo XXI. Tres años después sale a la calle el álbum I’m new here, dieciséis años más tarde del último que Gil Scott-Heron había grabado, Spirits, en 1994. Entre estos dos discos, Scott-Heron había pasado la mayor parte del tiempo entrando y saliendo de la cárcel por delitos relacionados con su adicción a las drogas. El inesperado encuentro con Richard Russell le dio la oportunidad de redimirse, ante sí mismo y ante sus admiradores, casi en el tiempo de descuento. Murió en el año 2011, el mismo en que se publicó el disco.

I’m new here es un disco inclasificable y deslumbrante, una especie de síntesis de toda la carrera musical de Gil Scott-Heron, un inspirado aunque oscuro jazz/soul/bluesman, casi siempre de la mano de sus fieles Brian Jackson and The Midnight Band, que nunca quiso dejar de ser, además, un encendido declamador revolucionario, considerado por casi todos como uno de los más claros antecesores del hip-hop (“The revolution will not be televised”, “Get out of the ghetto blues”, “Perdon our analysis (we beg you pardon)”, etc.). La grabación de I’m new here tuvo lugar entre la de los dos primeros discos de The xx, verdadera revelación de XL Recordings en aquellos años. Y no dejó indiferente a ese genio de la electrónica “soft” que es Jamie xx, quien inmediatamente reclutó a Gil para recrear electrizantemente el disco en una versión titulada We’re new here (2011). Lo más probable al intentar ponerse a la altura de un monumento como I’m new here habría sido, en fin, c*g**la. Pero no, Jamie evitó la tentación de intentar superar todo lo que el original ya tenía de supremo y sencillamente se propuso hacernos ver esa música desde otra perspectiva sonora. Pleno.

Scott-Heron falleció pocos meses después de publicarse I’m new here. Se desconocen las causas, pero se supo entonces que era seropositivo. Su paso por XL Recordings debió dejar resonancias y recuerdos imborrables. Tantos que diez años después la editora encarga, esta vez a un maestro del nuevo jazz, Makaya Mccraven, una nueva recreación de I´m new here. Nace así, en 2021, un nuevo pleno titulado We're new again.

Más de uno se preguntará: si tan bueno es I’m new here, ¿qué necesidad había de promover discos como We’re new here o We're new again? Mi respuesta es que ninguna, lo que seguramente es uno de los secretos de la belleza de cada una de esas obras (f*ck you, functionalism!). De todos modos, recomiendo a los curiosos que remitan la pregunta a los amantes de Tolkien o de la saga Star Wars: ¿para qué una trilogía (o x-logía, en el segundo caso, ya he perdido la cuenta), si las primeras entregas ya eran buenas (si es que lo eran, no tengo opiniones al respecto)? En fin, doctores tiene la iglesia de las secuelas y precuelas pascuales.

Además de un músico extraordinario y de un poeta fantástico, como demuestran sus discos, Gil Scott-Heron fue un gran narrador. Tenemos la suerte de disponer de traducciones de su novela El buitre (Hoja de Lata, 2015), que escribió cuando estudiaba en la universidad, y de sus memorias, Con las horas cantadas (Libros del Kultrum, 2019). Se me ocurren pocas experiencias multisensoriales mejores que compaginar la lectura de estos libros con I’m/we’re new here/again.

Gracias, GS-H, por dejarnos tantos tesoros.

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