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Bob Dylan's money blues

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Bob Dylan's money bluesby perropampa™
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[09.12.2020]

Bob Dylan siempre ha sido un rebelde entre rebeldes. En el documental de Martin Scorsese, No Direction Home (2005), centrado en el estupor que causó la electrificación de su música allá por 1966, hay dos escenas que lo ilustran superlativamente. En la primera, Dylan se ríe descaradamente de Joan Baez por su insistencia en llevárselo de manifestación y le suelta que no tiene tiempo para salvar el mundo, que el tiempo lo necesita para escribir canciones (más o menos, cito de memoria). En la segunda, Dylan vuelve a reírse, esta vez de un periodista, creo que inglés u holandés, que le pregunta por el sentido profundo de la motocicleta Tryumph estampada en la camiseta que lleva en la portada de Highway 61 Revisited. Dylan responde que ni siquiera se había fijado en la camiseta que lleva en esa foto. Dylan no asistió a la entrega del Premio Príncipe de Asturias de las Artes que se le concedió en 2007, ni a la del Nobel de Literatura de 2016. En ambos casos, tenía otros compromisos. Daría algo por haber escuchado la risa que debió de entrarle cuando leyó, o alguien le leyó, que le habían dado el premio asturiano por ser su música “fiel reflejo del espíritu de una época que busca respuestas en el viento para los deseos que habitan en el corazón de los seres humanos”; o la cara con que respondió a los periodistas, cuando lo del sueco, “¿Que si acepto el Nobel? Por supuesto”.

Ayer supimos que Bob Dylan vendía la totalidad de sus canciones, aproximadamente 600, por unos 300 millones de dólares a Universal Music Group. 500 mil dólares por canción. Casi 415 mil euros. A mí me parece bien. Acabo de consultar un página web, absolutamente indigna de confianza, en la que descubro que por lo que vale una canción de Dylan uno puede comprarse en Inglaterra o Nueva Zelanda una vivienda de dos habitaciones y dos baños. Si se decide por Malasia, dos habitaciones más, con sus respectivos baños, y si por Bali, gana una habitación, pero se queda sin el baño extra. En España te dan las dos habitaciones y los dos baños, pero te añaden dos albercas (sic). Yo creo que tres o cuatro minutos de buena o no tan buena música de Dylan es un precio razonable, siempre que las viviendas sean amplias y estén bien situadas. Y no pretendo ser irónico, ni pretendo ser irónico diciendo que no pretendo serlo. Es bueno saber lo que vale algo y la única manera de saberlo es que alguien haga y consume una oferta. Hoy sabemos cuánto cuesta una canción de Dylan y cómo se traduce eso en ladrillo, que es lo que al final todos entendemos. También es bueno saber que el precio de una canción de Bob Dylan equivale, más o menos, al dinero que el ex-tronista Juan Carlos de Borbón y Borbón ocultó al fisco durante años mediante pagos con tarjetas opacas cargadas a no sé qué fundación o fundaciones y que parece que hoy mismo ha regularizado. Yo le daría un consejo al emérito: que coja la guitarra, que nunca es tarde si la dicha es buena, y que se ponga a hacer lo que Dylan hacía cada vez que daba plantón a la Baez y se quedaba en casa para hacer una canción en lugar de ir a una mani para parar la guerra. Invertir en futuros. Que no será la última regularización, indemnización o fianza que seguramente le tocará pagar.

Yo, sinceramente, felicito a Bob Dylan. Está claro que muchos se habrán echado las manos a la cabeza y habrán concluido que un rebelde entre rebeldes, como Dylan, es lo contrario de un rebelde. Más bien, un judas que se ha entregado al capital. Y así se repetirá la escena del concierto de Manchester, registrado en el documental de Scorsese, en que un asistente exaltado llama Judas a Dylan, mientras este y su banda continúan impasibles interpretando una versión particularmente electrizante de Like a rolling stone. Los más sofisticados dirán que Dylan, como un nuevo Doctor Fausto, ha vendido el alma al diablo. A estos, habrá que responderles dos cosas. La primera, que eso es imposible, porque Dylan es directamente el diablo; la segunda, que el pobre Fausto vende su alma al diablo a cambio de una carrera musical genial y eso, una carrera musical genial, es precisamente lo que Dylan, en todo caso, acaba de vender al diablo. ¿A cambio tal vez de su alma? Lo dudo, yo creo que Dylan es de los que no han necesitado un alma para sobrellevar su destino. A estos últimos críticos, por cierto, aprovecharía además para recomendarles, por si no lo hubiesen hecho ya, que lean la maravillosa versión del mito de Thomas Mann. Seguro que aprenden mucho sobre Bob Dylan.

Para acabar, vuelvo a felicitar a Dylan. E insisto en que mi insistencia no es irónica, ni es irónica mi insistencia en que mi insistencia no es irónica. Yo habría hecho lo mismo. Todos o casi todos habríamos hecho lo mismo. Solo queda desear que Universal Music Group se beneficie, sin abusos, del tesoro que ha adquirido y que a los deudos de Dylan no se les suba a la cabeza. Bob no inspira mayores cuidados.

Bob Dylan's money blues contiene las siguientes canciones: "Song for Bob Dylan" * (David Bowie, Hunky Dory, 1971), "She belongs to me" (The Nativos, She belongs to me, 1985), "Love minus zero" (The Walker Brothers, Take it easy with The Walker Brothers, 1965), "I believe in you" (Cat Power, Jukebox, 2008), "I'll keep it with mine" (Nico, Chelsea girl, 1968), "I threw it all away" (Yo La Tengo, President Yo La Tengo, 1989), "I'm (like a rolling stone) (Titus Andronicus, A productive cough, 2016) y "Bod Dylan wrote propaganda songs" ** (Minutemen, What makes a man start fires, 1982). Excepto * y **, todas las canciones son composiciones de Bob Dylan.

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