The Beatles and the Stones

Oviedo. 07.06.20

The Beatles and the Stones

made it good to be alone

                       The House of Love (1989)

by perropampa™

 

El dualismo maniqueo es una de las señas de identidad intelectual de Occidente. Nos domina sin que casi nos demos cuenta y nos atrapa constantemente en sus callejones sin salida. Aristóteles lo formuló como principio del tercero excluso y la lógica proposicional lo ha inscrito con letras de oro en el patrimonio mental de occidente bajo la fórmula (A V ⌝A), o sea, o A o no A. Es decir, algo así como que nada puede y no puede ser una silla al mismo tiempo, por mucho que mi asiento en este preciso instante sea una roca que, por tanto, parece ser y no ser a la vez una silla. No existe (no debería existir) nada entre ser una silla y no serlo. Ni entre ser hombre o mujer, conservador o progresista, taurino o anti-taurino, del Madrid o del Barça. El dualismo maniqueo es limitador, nubla nuestra razón y nos enreda en debates que podríamos evitar o sostener de un modo mucho más enriquecedor.

En una entrevista digital abierta al crítico e influencer musical Diego Manrique hace ya algunos años, pudimos leer esto:

— ¿Beatles o Stones?
— ¡Por favor, Sonia! ¡The Byrds!
(El País, 26.06.2012)

La respuesta tenía mucho de boutade, sin duda. Sobre todo porque algo después, esta vez en un artículo a propósito de la traducción del libro Beatles vs. Stones, de John MacMillian, el mismo Manrique cerraba así su texto:

Si les colocan ante el famoso dilema, respondan como yo: “Ni los Beatles ni los Rolling; soy de los Kinks” (El País, 15.10.2014)

El devaneo de Manrique no es, seguro, ni una inconsecuencia ni el resultado de un postureo mal sostenido a lo largo del tiempo, que es como suelen revelarse la mayoría de las mentiras. Probablemente sea su manera de posicionarse frente a dos extremos que parecen haberse convertido en un binomio de arquetipos incompatibles y frente a su supuesta infalibiilidad al ser usado como una especie de test de personalidad por el que parece que todos debemos pasar en algún momento. Sin embargo, si nos lo tomamos así, es decir, como un dilema sujeto a la exclusión de cualquier tercero, podemos acabar por perdernos todo lo que hay entre los Beatles y los Stones, e incluso fuera o más allá de los Stones y los Beatles.

 

 

 

 

 

Personalmente, llegué bastante tarde a la música de los sesenta. Mea culpa. De todos modos, el análisis retrospectivo que ahora hago de aquella amusia o ceguera musical selectiva que sufrí durante años me lleva claramente a la conclusión de que la culpa es sobre todo, sí, de la debilidad intelectual de mi temprana juventud, pero también del enorme peso del tercero excluso en la cuestión 'Beatles o Stones'. Las omnipresentes canciones de los Beatles no me gustaban; peor aún, me parecían solemnes bobadas. Por su lado, los Stones habían fosilizado en los ochenta una actitud y una sonoridad que no me interesaban nada. Y si no me gustaban ni los Beatles ni los Stones, ¿cómo podría gustarme cualquier otra cosa de los años sesenta? Me concentré en el momento, en los ochenta y en los noventa, décadas en que me parecía que todo lo que escuchaba era absolutamente nuevo, sin precedente o comparación posible alguna con lo compuesto y cantado nunca. Hace ya algún tiempo que soy consciente de la magnitud de mi error. Sin menospreciar la aportación y el soporte de músicas populares precedentes, casi todas negras, no me cabe ahora duda de que la mayor parte de lo que consideramos 'nuevo' desde la década de los 60 tiene una semilla directa en esa década; y eso, cuando no deja de ser un ejercicio de revivalismo, declarado o no, de los ritmos y estilos de aquella época.

Si a finales de los años ochenta me hubiesen venido con el dichoso test de personalidad, en un arrebato de ídem, me gustaría haber sabido responder: Pixies y Jesus and Mary Chain. Hoy, gracias a mi propia curiosidad y a los buenos consejos de las dos o tres personas de las que me fío en esto, me considero capaz de respuestas bastante más sustanciosas. ¿Beatles o Stones? Pues, un poco como los House of Love, Beatles y Stones, aunque solo sea una pequeña parte de cada uno de ellos: los Beatles en las raras ocasiones en que Harrison toma el mando y los Stones mientras Jones aún forma parte de la tripulación. O mejor aún:

 

— ¿Beatles o Stones?
— ¡Por favor, Sonia! ¡The Sonics y 13th Floor Elevators!

 

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Esta es una licencia de cultura libre.

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